~~La Economía Azul~~

Siempre he pensado que la naturaleza es inmensamente sabia. Se autorregula. Y allí donde el hombre no ha metido mano la exuberancia es la norma. Incluso en los desiertos existe una flora y una fauna extremadamente bien adaptada, con soluciones apropiadas para la continuidad de la vida. Y en lugar de aprender de ella, la hemos estado agotando. Hemos estado tratando este planeta como si tuviéramos otro de repuesto.

En la naturaleza, la retroalimentación es lo más normal. Nada se pierde, y lo que es deshecho para unos seres, es alimento para otros. De hecho, si el sistema fuese lineal, se agotaría. Y hay un hombre, Gunter Paulí, que ha sabido extraer, desde la observación apropiada del funcionamiento inteligente de los ecosistemas, modelos a aplicar en el mundo de la empresa.

Y es que, según muy bien apunta el periodista Alberto D. Fraile, se calcula que si a lo largo de la historia de la vida han existido 100 millones de especies que han resuelto problemas durante 2.5 millones de años, el número de soluciones obtenidas es casi infinito. ¿Acaso vamos a enseñar a una luciérnaga como fabricar luz sin pérdida de energía, a una araña a fabricar un tejido resistente y dúctil o a un tiburón a vencer la resistencia del agua ?

Así, Gunter Pauli, en su último trabajo, el libro titulado The Blue Economy, recoge cien casos prácticos de ejemplos de adaptación de soluciones de los ecosistemas naturales y los aplica al mundo de la empresa. Buena idea.

Un ejemplo de ello es el edificio Eastgate Shopping and Office Centre, en Zimbabue, que se construyó utilizando las enseñanzas de las termitas  (maestras en arquitectura bioclimática, consiguen controlar la temperatura y humedad con precisión matemática dentro del termitero). Tiene diez plantas y es capaz de mantener el edificio fresco en verano y cálido en invierno sin gasto energético alguno, únicamente con corrientes de aire naturales. Pura física.

Otro ejemplo magistral resulta de la observación de las cebras. ¿Por qué tienen rayas negras y blancas?  Pues las utilizan como regulador térmico. Gracias a ésta peculiar pigmentación la cebra logra reducir hasta 9 º C  la temperatura del cuerpo, simplemente por las microcorrientes de aire que se generan por la diferencia de temperatura entre las rayas negras y blancas.  Y así, una empresa de Japón lo ha aplicado consiguiendo reducir en varios grados la temperatura de la casa en verano.

(Alberto Fraile, integral nº366).

Siempre es un alivio constatar que hay personas con un espíritu innovador, que se salen de las normas establecidas y de los modelos viejos que no aportan más que viejas recetas, que nos han conducido la crisis global del planeta,  y que se han revelado como totalmente ineficaces.  Personas que ofrecen soluciones frescas, un punto de vista nuevo, y que además (no puede ser de otra manera), mantienen una ética intachable  como premisa fundamental,  respetando el medio y creando riqueza.

Alternativas hacia un mundo mejor. Y desde aquí mi admiración.

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